Arroz con tonterías

La polémica de Jamie Oliver con la paella de chorizo es de las últimas tonterías onlines que demuestran lo imbécil de las culturas nacionales. Primero se lleva hasta el ridículo que se cocine una paella con chorizo y luego se le abuchea porque el chef le echa la culpa a la abuela que le dio la idea.

Absurdo. Cretino. Auténtico.

Los catales: “eso no es pantumaca, es pan con cosas”. Los madrileños: “eso no es cocido, son garbanzos con cosas.” Los valencianos: “eso no es una paella, es arroz con cosas”… Pues en mi casa “arroz con cosas” siempre ha sido paella. Lo fundamental eran el azafrán y las gambas; que tuviera o no conejo, alcachofa, chirlas, aceitunas negras, pimientos de morrón muy bien dispuestos en tiritas o trozos de mero era meramente circunstancial. Y si no te gustan las dejas.

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Con tanta tradición, tanto foodie y tanta tontería parece mentira que España se pasara hambre hace apenas medio siglo. Yo no me imagino a mi abuela en los años cincuenta rechazando un plato de paella porque no llevara mejillones. A mí la paella ni fu ni fa. Pero si además se añade el ingrediente del nacionalismo recalcitrante se me empieza a indigestar y puede que vomite.

Lo peor de esta polémica no es que se humille la cultura popular del “arroz con cosas” sino que se refuerza la ortodoxia de la tradición y los límites culturales del “esto es mío y tú aquí no entras”. El ejemplo de Jamie Oliver subraya que esto no solo ocurre a nivel regionalista, o plurinacional si se prefiere, porque cuando la copia viene de allende “nuestras” fronteras, la paella no es valenciana sino española.

Llevo ya viviendo fuera de España casi diez años y cada vez que alguien me pregunta qué plato es mi favorito yo respondo la pizza. A lo que siempre me increpan: “No, hombre, tu comida tradicional favorita”. Yo no veo nada más tradicional que reunirse todas las semanas con la familia o los amigos a compartir una pizza gigante. Ahora, si se necesita que algún ideólogo pronuncie discursos o algún político legalice denominaciones de orígenes para preservar “nuestra” tradición mal andamos.

Quizá hayamos olvidado que los libros de cocina, incluso el de la Sección Femenina, nacieron de la historia oral. Y que un tipo de Ourense se sienta insultado porque un tipo de Varsovia haya cocinado un salmorejo sin pan, me parece no solamente ridículo sino perverso. Esto tan solo demuestra lo profundo que llegan las raíces del nacionalismo y lo fácil que es apropiarse de la cultura popular.

Hay cierto nivel de guirismo cuando vamos al Carrefour a comprar productos “auténticos”. No digo que tengamos que ir a China a comprar salsa de soja, pero seamos conscientes de que la uva del vino de La Rioja viene de Valdepeñas y los tomates de la paella valenciana de Marruecos.

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