La cultura del posado II

La fotografía se ha convertido en una parte intrínseca de nuestra vida diaria y, pese a su aspecto inocente, tiene grandes repercusiones en nuestra concepción del mundo.

La pregunta no es si ahora nos preocupamos más por nuestra imagen que antes de la revolución de las cámaras. Sino que, dada nuestra preocupación, ¿cómo ha transformado la inmediata disposición de estos dispositivos la relación que tenemos con nuestra propia imagen?

Ésta es la segunda parte de una serie de reflexiones. Puedes leer la primera aquí.

posado II

Permanencia y reproducción

Tan solo un click es necesario para que algo se convierta eterno. Ese momento, por definición efímero, se captura y se posee.

El propósito de la fotografía personal y familiar ha cambiado. Cuando era una tecnología limitada las imágenes materializaban memorias y el mismo cuerpo del papel testificaba sobre la realidad de un momento pasado. Ahora la tecnología abunda y sin ser Funes no es posible forjar tantos recuerdos. Sin embargo seguimos capturando imágenes, apresando luz, editando archivos.

Así poseemos la realidad en forma de imagen como pruebas irrefutables de la experiencia vivida. Ya no se forjan memorias sino sorpresas cuando reconocemos nuestra imagen en contextos no vividos, en memorias plantadas. La imagen histórica siempre se ha retocado para adaptarse al discurso oficial de turno. Antes lo hacía Stalin, ahora lo hace el vecino.

Los más curiosos archivan sus fotografías con fechas, nombres, lugares, crean mapas online y hacen pins en plazas y calles, añaden amigos y hacen tags. Demuestran sus aventuras y comparten. Otros dejan que el móvil mismo clasifique por tamaño o color, que se sincronice con Instagram o Facebook, que comparta automáticamente con personas reconocidas en el face scan.

Pero todos publican. Todos publicamos.

Quizá sea para justificar la existencia, divulgar lo privado o publicitar lo personal. Quizá la fotografía sea objeto fetiche de nuestra autocomplacencia o reconocimiento, quizá nuestro anhelo de celos ajenos. O quizá sean simples anotaciones banales de los logros personales como esa hamburguesa titánica, ese viaje romántico a Zamora, ese encuentro casual con esa persona de quien no recuerdas el nombre, ese dibujo colorido en las entradas al concierto, esa poesía pintada en una pared… miguitas de pan de un camino que de otra forma se perdería en el bosque.

Larga vida a la fotografía digital porque con ella viviremos eternamente en cuerpo, alma y pixels.

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2 thoughts on “La cultura del posado II

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