La cultura del posado I

La fotografía se ha convertido en una parte intrínseca de nuestra vida diaria y, pese a su aspecto inocente, tiene grandes repercusiones en nuestra concepción del mundo y nuestra vida. La pregunta no es si ahora nos preocupamos más por nuestra imagen que antes de la revolución de los selfies. Sino que, dada nuestra preocupación, cómo ha transformado la inmediata disposición de esas cámaras la relación que tenemos con nuestra propia imagen.

Ésta es la primera parte de una serie de reflexiones.

posado 1

Disrupciones espaciotemporales

Siendo conscientes de ser vistos y tener nuestra imagen capturada y reproducida fuera de nuestra privacidad y control, nos hemos creado una nueva necesidad: salir bien en la foto. Posamos, sacamos pecho, metemos tripa, ponemos morritos, ofrecemos el perfil bueno… Y cuando nos damos cuenta hemos convertido la calle en una escena de fotomatón, un lugar donde existe un objetivo fotográfico y un objeto fotografiado.

Este espacio, pese a compartir calle con el resto de viandantes, está segregado del resto de la realidad.

Por una parte, existe un recinto lleno de vacío que será perpetuado en la fotografía como perspectiva. Los viandantes respetuosamente rodean este espacio en su decisión de no existir en la imagen. De vez en cuando algún fotobomber añade un toque gracioso y conscientemente ocupa un lugar que no le corresponde: la calle. Sin embargo, esencialmente, el espacio entre el objetivo y el objeto es un lugar cerrado, segregado del resto de la realidad.

Por otra, el espacio y los objetos serán inmortalizados y permanecerán de forma digital, con el perfil bueno, eternamente. La fotografía digital convierte el espacio físico del fotomatón callejero en una serie de ceros y unos almacenados en unas piecitas de metal, junto a otras series de ceros y unos que igualmente representan otros fotomatones de otras calles. Y estas calles que ahora comparten la misma pieza de metal, no solamente son distantes en el espacio sino también en el tiempo.

El objeto fotografiado existe materialmente en el momento de plasmarlo de forma digital; pero también existe más tarde pese a que ha sido reemplazado por la misma imagen que lo contiene. Así, los niveles de existencia y realidad se entrelazan y lo que existió sigue existiendo, pero para que exista lo que existe, lo que existió tuvo necesariamente que dejar de existir.

La fotografía se convierte así en una heterotopía; un espacio real, sin serlo plenamente, que tiene el potencial de proyectar otras realidades subversivas… de perfil bueno.

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