Amin Maalouf, “Orígenes” (2004)

[trad. María Teresa Gallego Urrutia. Alianza, 2010]


Amin Maalouf nos invita a conocer sus Orígenes en este curioso libro que se desarrolla episódicamente entre el principio del siglo XXI y principios del XX. Así, el autor nos lleva y nos trae entre documentos, interpretaciones y conversaciones a través de las aventuras y desventuras de su familia. Pero será su abuelo Botros M. Maalouf el hilo conductor de este libro. Fue profesor, reformador social, perpetuo reto a las convenciones sociales pero respetuoso con las convicciones personales; ciudadano Otomano, laico y pedagogo; enemigo de la emigración, por mucha tentación que tuviera inicialmente. Masón que vestía camisas con el cuello desabrochado y siempre salía a la calle destocado.

maalouf 1El autor nos ofrece interesantes detalles sobre este personaje histórico, su abuelo, quien, aún siendo de familia Grecocatólica, estudió con misioneros americanos para más tarde dedicarse a las letras y abrir la Escuela Universal, que sacudió los cimientos educativos de la Montaña libanesa. A través de esta situación, el Maalouf nos abre una pequeña ventana al contexto histórico de principios del siglo XX, un momento de cambio continuo que pasó de la reforma imperial paternalista a la revolución ciudadana ilustrada para terminar en la ocupación colonial francesa.


Muy interesante es la historia de su tío abuelo Gebrayel, hermano de Botros, que emigró a Estados Unidos y luego a Cuba buscando la prosperidad que, creyó, nunca podría encontrar en la Montaña. El autor describe a la perfección la complicada relación entre los dos hermanos, un aventurero emigrante y un pedagogo reformador. Botros, aunque tentado por la aparente fortuna de su hermano y las oportunidades de fácil enriquecimiento en las “regiones americanas,” se convirtió en enemigo de la emigración por considerarla una fuga de recursos humanos de la tan necesitada tierra originaria. Sentía cómo su Oriente le obligaba a quedarse para renovarse y alcanzar a Occidente desde su propia tradición, para construir sus propios “Estados Unidos de Oriente.”

Y sin embargo, Botros no pudo resistir la tentación y fue a La Habana a visitar a su hermano, donde permaneció casi dos años. Las condiciones no le convencieron y pronto marchó a Nueva York, como turista, donde visitó la abultada comunidad Levantina. Sin embargo, el autor no indaga mucho sobre la situación de los inmigrantes levantinos en américa y se limita a encontrar evidencias documentales sobre su familia. Maalouf, en el transcurso de la investigación, viajó a Cuba para descubrir con los restos del imperio comercial de su tío abuelo y, entre rones y deprimentes descripciones del estado de cosas en la isla, se encuentra una recompensa de incalculable valor.

Por otra parte, Maalouf usa la categoría de religión sin inmiscuirse en el debate de autoridad pública y fuente de poder social, por lo que construye una imagen de cierto fanatismo religioso. Es decir, las palabras e interpretaciones del autor nos presentan un mundo sectarizado por definición, un mundo en el que la religión se convierte en el origen, el desarrollo y la consecuencia de un inevitable conflicto. Sin embargo, con las palabras que Amin escribe en nombre de su abuelo Botros, podemos vislumbrar cómo éste se desenvolvía con cierta soltura entre los rígidos márgenes religiosos sin romper con una u otra religión. Su carácter conciliador le llevó a respetar las convicciones personales de cada vecino sin inclinarse a las convenciones sociales que él consideraba oscurantista. Vemos así la puesta en práctica del modelo clásico de secularismo otomano muy influido por los conceptos liberales individualistas de los colegios protestantes a los que Botros asistió durante su infancia. Y sin embargo, Amin M. Maalouf, el nieto de Botros M. Maalouf, escribe este relato desde la incomodidad del discurso sectarizado. maalouf 2

El autor es rápido al negar cualquier tipo de virulencia laicista de su abuelo; Botros no era anticlerical, ni ateo, ni anti-religioso. El profesor estaba fervientemente opuesto a las normas sociales y la falta de educación, razones que él consideraba responsables de la decadencia de Oriente. Y sin embargo Maalouf nunca trata de explicar los orígenes de estas normas sociales ni falta de educación sino adscribiéndola a una división religiosa supuestamente inherente a la sociedad del Monte Líbano. Es decir, las rencillas que existían entre la familia de su abuelo y de su abuela se debían a que la primera rama era católica y la segunda protestante; nada tenía que ver que la fortuna de Gebrayel, uno de los hermanos de su abuelo Botros, fuera dilapidada por su yerno, el hermano de la mujer de Botros.

Entre los aspectos más interesantes está el trato que autor hace del adjetivo posesivo “nuestro”, que encontramos al referirse a la escuela de su abuelo, al imperio comercial de su tío abuelo, a la casa familiar, al modo de vida migratorio de algunos parientes, etc. Durante todo el texto se lee entre líneas que éste trabajo es muy importante para Maalouf porque lo siente como suyo. Así, palabra a palabra, no sólo va construyendo la historia perdida de su abuelo y su familia, sino que se va construyendo a sí mismo. Y sin embargo, no deja de sorprenderme que, al estar frente a las ruinas del palacio de Gebrayel en La Habana, trate a Cuba como “nuestra” isla. A través de este sentimiento naïve y nostálgico, entre pasmosamente constructivista y fantasiosamente cariñoso, el autor nos deja entender hasta qué punto se extienden sus lazos familiares, ya en tiempo, ya en espacio.

Por lo tanto, este libro no es una novela como nos tiene acostumbrados Maalouf, sino que la estructura del texto es muy fragmentada y zigzaguea entre la interpretación personal, el cuaderno de viajes, las notas de investigación, el hilado narrativo de documentos históricos o las conversaciones con su tía sobre los hechos familiares. Sin embargo, el tono del escrito es siempre muy personal y el autor se dirige a nosotros como si estuviéramos charlando con una taza de té. La relación entre el escritor y el lector se convierte en un espacio muy pequeño en el que Maalouf nos cuenta la historia de su familia, que a fin de cuentas, es su propia historia.maañouf 3

En resumen, Orígines, de Amin Maalouf, es un texto interesante para conocer la vida de un convencido ciudadano otomano en la Montaña Libanesa durante el cambio del antiguo al nuevo régimen, así como algunos aspectos de la numerosa migración levantina hacia América. Igualmente, el libro nos deja entrever ciertos valores morales y personales del autor, reconocido intelectual Franco-Libanés. Además, aunque no termina de escribir un libro científico, es una interesante propuesta para la expansión de la teoría historiográfica y la narrativa histórica, ya que mezcla documentos históricos con interpretación narrativa sin perder de vista la pequeñez del individuo y su relación con el mundo que le rodeaba.

Sin embargo, el texto es, para mi gusto, demasiado fragmentado y no termina de convencer al lector de su valía más allá de la documentación de la historia familiar. No es una novela, tampoco es un ensayo; no es especialmente bello, ni tampoco imprescindible para entender el periodo histórico. A fin de cuentas: tierno pero mediocre.

*Las fotos corresponden a: 1) La cubierta de la edición francesa del libro; 2) Botros y su mujer Nazeera con el primero de sus hijos; 3) Comida compare con Botros de pie y Nazeera, de blanco, sentada en el centro con un niño en brazos.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s